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Chivas a la final
7 de Junio
Al minuto 77 parecía que las Chivas iban a quedar agonizantes. Israel López se paró frente al manchón penal. El toluqueño tenía en sus pies la muerte súbita para el Guadalajara. Sin embargo, Oswaldo Sánchez, por enésima vez, se pondría el traje de héroe indómito al mantener pulcra su cabaña. Fue el final del Toluca y la resurrección del Rebaño Sagrado.
Junto con él, Ramón Ramírez aparecería como en sus días más gloriosos y otorgaría a los rojiblancos el gol definitivo: el 2-0 y el 2-1 en el marcador global que dio cristiana sepultura a los Diablos Rojos.
Vendría el: “¡Sí se pudo!, ¡sí se pudo!”, y con ello se desencadenaría el delirio en las tribunas de un Estadio Jalisco abarrotado con 70 mil aficionados.
Al final las lágrimas de Ramón Ramírez, la voz quebrantada, sus compañeros enloquecidos y, del otro lado, la derrota de un Toluca agotado que resintió la ausencia del delantero paraguayo José Saturnino Cardozo.
Las Chivas van a la final después de seis años de ausencia para tratar de colocarle a su uniforme la undécima estrella.
Apagar el fuego
Guadalajara fue amo y señor del primer tiempo desde el inicio. Sometió y arrinconó al Toluca. Pero a pesar de que prestó sólo en pocas ocasiones el balón y de que pisó constantemente el área de los Diablos Rojos, en realidad no generó auténticas oportunidades de gol.
Hernán Cristante observaba el paso de los balones que se iban por encima de su portería, o a lo más recostaba con tranquilidad para quedarse con ese objeto tan codiciado.
El cuadro tapatío apostó por la única opción que le quedaba desde el principio: atacar.
Pero el técnico holandés Hans Westerhof decidió de nueva cuenta ingresar a Alberto Medina y sacrificar ahora a Rafael Medina, para dejarle el puesto de carrilero derecho a Salvador Carmona.
Alberto fungía como extremo derecho, pero su aporte en esa zona fue nulo, por lo que sus compañeros recurrieron a explotar más el lado izquierdo con Omar Bravo.
Pero tampoco el sinaloense salía bien librado de su batalla con Mario Méndez, quien le sacaba el esférico o lo obligaba al pase erróneo al asfixiarlo con su marca.
Adolfo “Bofo” Bautista, por su parte, insistía en la necedad de conducir en exceso el balón, y forzosamente quedaba solo contra cuatro defensas, por lo que siempre se estrellaba contra uno de ellos.
El “Bofo” exigía a Marco Antonio “Chiquidrácula” Rodríguez que marcara una falta a su favor, pero el nazareno sólo le respondía con el ademán de que se levantara.
La defensa rojiblanca salía tocando, pero al minuto nueve Jhony García perdió el esférico, Antonio Naelson “Zinha” lo ganó, se lo dejó a José Manuel Abundis. El tapatío cruzó su disparo y Oswaldo Sánchez desvió, salvando de nueva cuenta a su equipo.
Gol… que no fue
La tónica del juego no variaba, y entonces, por fin, las Chivas rompieron el cerco, en lo que posteriormente se convertiría una marcación polémica.
Al minuto 35 Omar Bravo le ganó la espalda a Mario Méndez, entró al área y tiró, el balón apenas cruzó la línea de gol. Y mientras Bravo festejaba con un baile, el abanderado señalaba el fuera de lugar para congelar el júbilo rojiblanco y encender a la afición chiva con el fúrico: “¡…eeero ¡…ero!”.
Así, el primer lapso concluyó con un rabioso grito de: “¡Ratero!, ¡ratero!”.
Los primeros minutos de la segunda parte no otorgaron un cambio en la estrategia de las Chivas, y Toluca parecía haber logrado adormecer el ataque de su rival.
Entonces apareció la genialidad del hombre de las liguillas: Adolfo Bautista.
El “Bofo” dominó el balón y lo pasó por encima de su marcador para que Bravo lo recibiera y arrancara rumbo al área con la marca pegajosa de Edgar Dueñas, quien debió jalar al delantero dentro del área. Penalti y expulsión directa.
Al minuto 59 Morales ejecutó implacable e impecable ant
Fuente: laopinion
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